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Equilibrio ácido alcalino

ÁCIDO/ALCALINO: CÓMO ACLARAR LA CONFUSIÓN

Marti Fry

El objetivo de este artículo es explicarle brevemente, pero con claridad, el significado de los términos ácido y alcalino, así como demostrarle por qué es tan importante para nuestra filosofía entender perfectamente el equilibrio orgánico entre los elementos ácidos y los elementos básicos, o lo que es lo mismo, el nivel equilibrado de ph.

 Los especialistas utilizan los términos ácidos y alcalinos para diferenciar dos clases de minerales que se distinguen por sus estructuras químicas. El primer grupo de minerales, compuesto principalmente por un gran número de iones de hidrógeno, cuenta entre otros minerales con el azufre, el fósforo y el cloro, todos ellos con una base ácida. Por otro lado, nos encontramos con un grupo de minerales cuyo contenido hidrogenado es bastante escaso y que incluye el potasio, el sodio, el calcio, el magnesio y el hierro, considerados como minerales alcalinos.

Aunque todos las sustancias contienen minerales ácidos y básicos, su clasificación como ácida o alcalina depende del tipo de minerales que predomina en su composición. Aquellos productos cuyos contenidos minerales son similares se consideran neutrales. El agua es un producto neutral.

Algunos alimentos (como las frutas y las verduras) pueden tener un carácter ácido antes de su ingestión, pero transformarse en alcalino después del proceso metabólico. Pero también podría darse el caso contrario, un producto que sea alcalino antes de su ingestión puede convertirse en ácido durante el metabolismo (este es el caso de los productos animales).

El cuerpo humano se mantiene ligeramente alcalino, lo que significa que los alimentos más saludables para nuestro organismo son aquellos cuya estructura interna contiene más elementos básicos que ácidos. Cuando hablamos de alimentos alcalinos, nos referimos a los productos que generan un «residuo» álcali después de su metabolización (las frutas frescas, las verduras, algunos frutos secos y varias semillas). La ingestión de alimentos animales provoca la acumulación en el interior del organismo de ciertos ácidos, principalmente ácido úrico, ácido sulfúrico y ácido fosfórico. Estos ácidos dañan considerablemente a los sistemas orgánicos de control (aquellos órganos que mantienen estable los niveles de pH). Por el contrario, la ingestión de frutas frescas, verduras, frutos secos y semillas requieren un proceso digestivo muy fácil que no daña en absoluto al cuerpo humano.

Los principales órganos de control son los riñones y los pulmones. Si alguno de estos órganos sufriera un trastorno por una causa determinada o si se consumiera una dieta compuesta básicamente de productos ácidos, nuestro organismo podría sufrir una acidosis. La acidosis suele aparecer con mayor frecuencia que la alcalosis. Sin embargo, podemos afirmar que los alimentos ácidos no son los responsables directos de la acidosis. La ingestión masiva de estos productos obliga a los pulmones y a los riñones a trabajar a toda máquina y merman considerablemente la cantidad de sales orgánicas necesarias para controlar el nivel de ácido. Esta condición disminuye la capacidad orgánica de neutralizar los excesos de elementos ácidos.

Los trastornos pulmonares o renales, así como los problemas de respiración (hiperventilación) pueden provocar la aparición de una alcalosis. Sin embargo, esta enfermedad no surge como consecuencia directa de un consumo excesivo de productos alcalinos, ya que esta condición es imposible. Recuerde que estos alimentos constituyen la base principal de nuestra dieta y siempre contienen un equilibrio estable entre los minerales básicos (alcalinos) y ácidos. Ahora bien, si consumimos con frecuencia preparados antiácidos podemos provocar la aparición de una condición de alcalosis.

Tanto la acidosis, como la alcalosis son condiciones innecesarias. Sin embargo, podemos afirmar que la acidosis es muy común hoy en día, ya que son muchas las personas que consumen diariamente grandes cantidades de alimentos ácidos (carne, leche, queso, huevos) y productos refinados (azúcar, harina, arroz, trigo).

La acidosis es la antesala de casi todas, por no decir todas, las enfermedades. Sin embargo, no podemos afirmar que sea esta condición la causante de las enfermedades, sino las prácticas y los hábitos personales. Recuerde que las enfermedades son procesos orgánicos iniciados por el propio cuerpo para eliminar las toxinas presentes en el interior del organismo y para estabilizar cualquier desequilibrio, entre los que se encuentra la sobreacidez. Por esta razón, no podemos hablar de ninguna «curación» posible. Lo único que podemos hacer es dejar al cuerpo que trabaje sólo para que finalice con éxito los procesos de limpieza, todo ello sin interferir en su camino con la ingestión de alimentos o productos tóxicos (como los fármacos).

Si presiente que su organismo padece una condición de sobreacidez, lo único que debe hacer es mantenerse en ayuno durante unos cinco días y/o consumir únicamente frutas frescas y verduras en su estado natural y sin utilizar ningún tipo de condimento. El cuerpo puede corregir cualquier desequilibrio interno tan pronto como desaparezcan las causas que provocaron el problema (en cuestiones de vida o muerte, nuestro organismo puede solucionar cualquier trastorno orgánico antes de que desaparezcan las causas).

Desde un punto de vista práctico, no tiene por qué preocuparse por los niveles de acidez o alcalinidad que poseen los alimentos que consuma. Lo único que debe hacer es consumir frutas naturales, verduras, frutos secos y semillas. Recuerde que su ingestión suministrará al organismo todas las necesidades y los elementos nutritivos requeridos.

 LA PROPORCIÓN ÁCIDA-ALCALINA DE LA DIETA

El organismo debe mantener constantemente un equilibrio estable en sus niveles de pH para evitar, en todo momento, la aparición de problemas funcionales. Nuestro organismo fue diseñado para actuar de esta forma. Ahora bien, el cuerpo humano no puede conseguir este equilibrio por sí sólo, debemos administrarle alimentos que posean las proporciones adecuada de elementos ácidos y alcalinos (aproximadamente el 80% de álcali y no más de un 20 % de sustancias ácidas); sólo de esta forma podremos garantizar un perfecto funcionamiento orgánico y un ahorro considerable de energía.

Los órganos responsables de controlar este equilibrio son los pulmones, los riñones y las sales controladoras. Sin embargo, si no consumimos los alimentos requeridos (principalmente, frutas maduras, verdura cruda, frutos secos y semillas), podemos poner en peligro su funcionalidad. Recuerde que el consumo de frutos secos y semillas debe ser inferior al consumo de frutas y verduras. Asimismo, debemos señalar que las frutas son los alimentos que nos suministran con mayor eficacia y efectividad las calorías que necesitamos, algo que no hacen las hortalizas.

Aunque podemos combinar en una misma comida productos vegetales (verduras), frutos secos, semillas o aguacates, recuerde que las frutas no pueden ingerirse con otros productos que no sean otras frutas.

CONDICIONES ANORMALES PROVOCADAS POR LOS DESEQUILIBRIOS ÁCIDOS-ALCALINOS

El número de medicamentos y fármacos suministrados para combatir los desequilibrios ácidos-alcalinos aumenta año tras año. Los especialistas recetan continuamente numerosos productos como los antiácidos, los alcalizadores o determinadas enzimas digestivas para combatir los diversos trastornos digestivos. La mayoría de las personas interpreta el alivio temporal originado tras la ingestión de estos «remedios» como una cura del problema. Sin embargo, la verdad es bien distinta. Recuerde que estos medicamentos sólo enmascaran los síntomas, pero nunca suprime las causas. De forma ilustrativa, podríamos comparar su labor en el interior del organismo con las limpiadoras que esconden la suciedad debajo de la alfombra.

Nuestro organismo actúa como una alfombra en la que los fármacos cubren el problema hasta que los trastornos digestivos se convierten en condiciones crónicas. Lo que en un principio parecía ser simplemente un pequeño trastorno ocasionado por una leve indigestión ácida o una acedia, se ha convertido en un verdadero problema digestivo. Los órganos que intervienen en el proceso digestivo (el estómago, el hígado, los riñones, los intestinos y el páncreas) pueden sufrir graves consecuencias ocasionadas por el consumo inadecuado de ciertos alimentos insalubres o por el uso de fármacos que encubren la presencia de sustancias ácidas en el interior del cuerpo.

Cualquier persona que consuma habitualmente productos cárnicos, productos lácteos y alimentos procesados y refinados sufrirá, en mayor o menor medida, las consecuencias de un desequilibrio ácido-alcalino. Si a esto unimos el consumo de sustancias tóxicas como las bebidas alcohólicas, el tabaco, los fármacos o los condimentos, los porcentajes serán aun mayores.

MANTENIMIENTO ORGÁNICO DE LOS NIVELES DE PH

El organismo cuenta con tres sistemas de control que mantienen estable el nivel de pH en los fluidos corporales y que evita la manifestación de condiciones como la acidosis o la alcalosis. El primer mecanismo cuenta con un sistema de control que regula las fluctuaciones de los iones de hidrógeno. Todos los fluidos corporales poseen diversos controles ácidos que se combinan con las sustancias ácidas o alcalinas para prevenir un cambio excesivo en la concentración de ion de hidrógeno.

El segundo mecanismo utilizado por el cuerpo humano para estabilizar los niveles de pH se encuentra en el interior del sistema respiratorio. Cuando la concentración de iones de hidrógeno (H+) varía considerablemente, el sistema respiratorio sufre una estimulación inmediata con el fin de alterar la velocidad de la ventilación pulmonar. Este proceso provoca una alteración en la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en el interior del organismo. La presencia masiva de dióxido de carbono en el sistema, condición ocasionada por una mala respiración o un trastorno fisiológico originado en el sistema respiratorio, aumenta los niveles de acidez en los vasos sanguíneos. Las enfermedades que interfieren e impiden el perfecto funcionamiento del proceso respiratorio (enfisema o asma) impiden la eliminación de CO2 presente en los pulmones, una condición que tendrá como consecuencia la combinación inmediata del dióxido de carbono y el agua, generando ácido carbónico. Este componente aumentará la concentración de iones de hidrógeno y la acidez sanguínea.

Finalmente, el tercer sistema fisiológico de control se encuentra en los riñones. Cuando la concentración de hidrógeno (H+) se desvía de su valor normal, los riñones secretan una urina ácida o alcalina para estabilizar de nuevo los fluidos orgánicos.

Para llegar a comprender perfectamente el sentido de los términos acidosis y alcalosis debemos tener presente la siguiente relación: cuando la concentración hidrógena (H+) se encuentra por encima de lo normal, podemos hablar de una condición de acidosis. En cambio, cuando esta concentración se encuentra por debajo de lo normal, la condición recibe el nombre de alcalosis. Cuando el organismo presiente la formación de una de estas condiciones, pone en marcha sus sistemas de regulación ─los pulmones o los riñones (órganos que intervienen en la aceptación o expulsión de los iones de hidrógeno)─ para estabilizar la balanza orgánica. Los niveles de estabilidad de pH de las personas sanas se establecen en torno a los 7,35 y los 7,45. Si los sistemas de regulación, los pulmones o los riñones, funcionan incorrectamente, el organismo sufrirá la aparición de una acidosis o una alcalosis.

Las causas de su aparición son numerosas. Como mencionamos con anterioridad, los sistemas de control pueden sufrir algún problema, provocando con ello la formación de una acidosis o alcalosis. Estas condiciones pueden surgir también como consecuencia de una respiración incorrecta y/o una dieta inadecuada.

Uno de los ejemplos más ilustrativos de la alcalosis respiratoria se da entre los montañistas que ascienden a cotas de gran altitud. La falta de oxígeno en estas zonas del planeta exige a los deportistas alterar el ritmo normal de respiración, provocando, con ello, una pérdida excesiva de dióxido de carbono, condición que recibe el nombre de alcalosis respiratoria leve. Si una persona persiste durante bastante tiempo en esta condición sin aclimatarse, el equilibrio orgánico entre los componentes ácidos y alcalinos presentes en la sangre puede desestabilizarse.

Los especialistas consideran la diarrea y los vómitos como causas muy comunes de la acidosis metabólica. Durante la diarrea, el organismo segrega a través del tracto gastrointestinal grandes dosis de bicarbonato sódico, una sustancia alcalina. Asimismo, durante el vómito, existe una pérdida de sustancias alcalinas en el interior del conducto gastrointestinal.

Sin embargo, ambas respuestas no son más que procesos orgánicos que utiliza el propio organismo para expulsar rápidamente las sustancias tóxicas que se encuentran en el interior del cuerpo humano. Desde este punto de vista, podemos afirmar que la diarrea y los vómitos no son en sí causas de la acidosis, sino todo lo contrario, su aparición se debe a la presencia de los mismos elementos que provocan la acidosis.

Debemos comprender que las acciones iniciadas por el organismo para expulsar los materiales tóxicos (enfermedades agudas denominadas «infecciones», fiebres, etc.) son procesos inocuos. El peligro radica en la presencia de los elementos que provocan el inicio de estos procesos.

El equilibrio orgánico de pH es el resultado de una armonía fisiológica perfecta entre todas las partes del cuerpo. Una nutrición que incluye la perfecta utilización de los recursos naturales (alimentos, agua pura, ayuno, ejercicio, aire fresco, luz solar y equilibrio mental). Estos elementos forman parte de la fórmula natural que permitirá al organismo ejecutar todas sus funciones fisiológicas con eficacia y efectividad.

A modo de conclusión, podemos resumir esta sección destacando que el nivel de pH en la sangre y en los tejidos depende directamente de la concentración orgánica de iones de hidrógeno (H+). Este equilibrio existente en los fluidos corporales es bastante frágil y delicado y cualquier desviación, por pequeña que sea, puede provocar numerosas complicaciones fisiológicas. Existen diversos mecanismos, como se expresan en el libro McNutt´s Nutrition and Food Choices, que regulan esta difícil estabilidad.

A continuación os facilitamos para descargar un cuadro en formato pdf para conocer el grado de alcalinidad o acidez de los alimentos que consumimos

   Cuadro de acidez – alcalinidad de los alimentos

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