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Torturados en nombre del consumo

Amparados por la ley, y financiados por importantes industrias farmacéuticas, químicas o cosméticas, laboratorios de todo el mundo continúan experimentando indiscriminadamente con animales.

La salud humana, en contra de lo que  argumentan estas empresas, no requiere que se torturen seres vivos.

Para situar en el mercado algunos nuevos medicamentos se ha requerido el sacrificio de hasta 10.000 animales. Lo habitual es que cada nuevo producto farmacéutico cuesta el exterminio de 1.000 a 2.000 ratas, así como 200 o 300 perros o monos de media, aparte de que puede costar más de cien millones de pesetas. Lo más grave, es que de los casi 10.000 productos que saturan el mercado farmacéutico español, sólo 300 son –digamos- válidos u originales, el resto son repeticiones en los que varía escasamente la fórmula.

Ante este zoocidio se recrudecen las protestas de los grupos antivivisección (en contra de la experimentación animal), que consideran inmoral la búsqueda de beneficios a costa de cientos de millones de animales cada año: unos cuatrocientos millones aproximadamente son sacrificados en todo el mundo en experimentos casi siempre inútiles. André Mazuret, un especialista de la multinacional farmacéutica Rhône Poulenc, lo expone con claridad. “Sabemos que científicamente un buen número de medicamentos no están justificados, sólo son el resultado de la rivalidad entre firmas farmacéuticas.

Chantaje farmacéutico

Los intereses comerciales de las grandes industrias farmacéuticas se inmiscuyen en la política con más frecuencia de lo deseable. El caso más escandaloso se produjo en febrero de 192 cuando llamó a consulta a los suizos para que decidieran sobre la reducción progresiva y eliminación de los experimentos sobre animales. Las compañías Sandoz, Ciba Geigy y Hoffmann-La Roche, advirtieron que un voto en contra de la vivisección les obligaría a cerrar fábricas y despedir empleados. Ante estas amenazas los suizos rechazaron con un 56 por ciento de los votos la propuesta lanzada por la Sociedad Protectora de Animales helvética.

La experimentación sistemática con animales comenzó en 1865, cuando Claude Bernard sentó las bases de la moderna vivisección tras publicar su obra Introducción al estudio de la medicina experimental. Con este trabajo daba a conocer, y defendía como necesarias, las prácticas que desde hace años se venían realizando sigilosamente en los sótanos de los laboratorios. El estudio, lejos de escandalizar a los científicos, adquirió  nivel académico, y sus principios se difundieron hasta nuestros días de manera alarmante, Puso tal énfasis en sus trabajos que llegó a sacrificar 4.000 perros en experimentos, uno de ellos la mascota de su propia hija.

Una masacre de moda

La práctica de la vivisección se extendió tanto que alcanzó el absurdo en los años setenta y ochenta, cuando se estudiaba el comportamiento humano extrapolando los resultados obtenidos con animales ante situaciones como el estrés, la privación sensorial, el hambre o la agresividad o la superpoblación. La revista Psychological Abstracts aún recoge hasta 700 artículos cada año con este contenido temático. En cada uno de estos experimentos se utilizan más o menos diez animales como media, pero con el agravante de que por cada trabajo que se publica, otros tres nunca ven la luz.

En 1981, el doctor Edward Taub amputó los brazos de un mono con el único fin de comprobar si el simio utilizaría sus pies para conseguir alimento. Por su parte Harry F. Harlow, investigador en un centro estadounidense de estudios sobre los primates quiso inducir a la depresión a crías de mono. Para sostener sus teorías, ideó experimentos de gran sadismo. Sustituía las verdaderas madres por monos de trapo que se comportaban como auténticos monstruos.

Pero ni los soplos de aire comprimido a alta presión, ni los violentos balanceos que hacían castañear la cabeza y los dientes de la cría, ni la expulsión de largos clavos de latón, lograron que los pequeños monos desconfiaran de sus madres.

Toda clase de torturas

Algunas de las descripciones de estos experimentos, pueden herir la sensibilidad, como la prueba en la que a los ratones se les causa convulsiones con electrodos especiales aplicados a los ojos, y pinzas eléctricas sujetas a la oreja; o como los perros que reciben continuas descargas en las pezuñas, mediante un suelo de rejilla electrificada. Todo ello para obtener resultados triviales y obvios, como que “el hambre influye en la conducta agresiva de las ratas”, a la que llegó la sicóloga Luci Paul, tras dejar sin comer a 31 ratas durante 7 días, al cabo de los cuales les ofrecieron crías de ratas, a las que, lógicamente, devoraron.

Ensayos más que comprobados

La mayoría de los resultados que se obtienen con estos experimentos están más que comprobados. En el ámbito de la psicología y de la toxicología, las mismas pruebas se repiten día tras día. Las cifras hablan por sí solas, así por ejemplo, en Estados Unidos, se ha aplicado morfina a los animales unas 1.125 veces; el experimento para averiguar si con la espina dorsal fracturada se pueden mantener relaciones sexuales se ha realizado en 600 ocasiones; en la búsqueda de tratamientos contra el cáncer se han irradiado 38.000 animales para el mismo tipo de experimento.

Muchos de los trabajos realizados con animales no sólo no han ayudado a la humanidad, sino que en algunos casos han sido perjudiciales para los seres humanos, como es el caso de las transfusiones de sangre o el uso de la talidomida. Este último desencadenó una enorme tragedia y acabó con los esquemas mentales de un gran número de científicos, que creían, de manera firme, en la experimentación animal.

La talidomida fue un medicamento utilizado como hipnótico sedante que aparentemente no tenía efectos secundarios. Las pruebas realizadas con la talidomida en animales no mostraron ninguna anormalidad, por lo que se consideró como un compuesto muy seguro para los humanos. Las graves lesiones producidas en las articulaciones de los fetos tras ser administrada a las mujeres embarazadas, demostraron todo lo contrario.

Dramáticos resultados

Entre las lesiones más relevantes, todas las relacionadas con las extremidades, destaca la Amelia (falta de extremidades) y la micromelia (extremidades de tamaño reducido). Tras sospechar que esta droga causaba malformaciones en los niños, se realizaron nuevos estudios con perras, ratas o monas, todas ellas preñadas, pero tampoco se produjo  deformidad alguna. En todo caso, el problema de la talidomida nos muestra algo que los toxicólogos e investigadores ya sabían desde hace tiempo; cada especie tiene su particular fisiología, así que los resultados de un experimento sobre una especie con pueden extrapolarse a otra distinta.

Los animales, por regla general, no satisfacen por completo las exigencias de la investigación, aunque tengamos en común unas 25º enfermedades. Por ejemplo, el conejo no es afectado cuando ingiere drogas del tipo belladona o amanita muscaria.

El perro nunca se intoxica con digitalina que es importante en la investigación cardiovascular, aunque por el contrario, es incapaz de soportar  sulfamidas o morfina. El gato sufre problemas óseos cuando se le proporciona una toma elevada de vitamina A, y los neurolépticos y la aspirina pueden matarlo.

400.000.000 DE ANIMALES SE MASACRAN CADA AÑO EN LOS LABORATORIOS

  • Farmacia y medicina: 80%
  • Agroquímica: 10%
  • Aditivos alimentarios: 5%
  • Productos químicos industriales: 3,5%
  • Cosméticos: 1,5%

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